21/10/2014

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“El trabajo del fotógrafo no tiene nada que ver con el instinto”

Por Guillem Sanchis

El fotoperiodista Gervasio Sánchez expone hasta el próximo 13 de octubre en el Museu Valencià d’Etnologia su obra ‘Desaparecidos’, en la que retrata el drama de las desapariciones forzosas de personas en 10 países de América Latina, Asia y Europa. En la muestra, Sánchez retrata el exterminio en masa, un vergonzoso patrimonio de la humanidad entera.

Son las últimas semanas para poder visitar la exposición del veterano fotoperiodista jienense, que en las últimas tres décadas ha sido los ojos de numerosos medios en conflictos de todo el mundo, desde América Latina a Irak pasando por la guerra de la antigua Yugoslavia. Su trabajo le ha valido numerosos reconocimientos, como el Premio Nacional de Fotografía 2009. Cuando se abandona ‘Desaparecidos’, dos sensaciones pelean en la mente del visitante. Por un lado, el desasosiego de ver las caras crudas de aquellos que han perdido a sus seres queridos, a quienes buscan para enterrarlos y cerrar el duelo. Por otra parte, queda el exiguo consuelo de saber que, gracias a la perseverancia de estos familiares y al trabajo de fotoperiodistas como Gervasio Sánchez, no es fácil matar y hacer desaparecer a alguien. Todavía no es tan fácil.

¿Con la exposición se perseguía eso, dejar esa sensación de desasosiego?
Evidentemente la temática es complicada. Las imágenes reflejan hasta dónde puede llegar la gravedad de un drama tan complejo. Yo mismo, cuando veo mis fotografías colgadas en esa sala tan especial, me siento muy impresionado. A pesar de haber hecho yo el trabajo, de haber estado allí, en las fosas, enterrando a los desparecidos, me sigue impresionando. No me parece extraño que alguien que vea algo tan duro se sienta golpeado.

En los medios, el tema de los desaparecidos parece tabú. No se le da hueco a pesar de la gravedad.
Bueno, eso tiene que ver con la actitud de los medios y de los periodistas ante los dramas humanos. Si trabajamos por impacto inmediato, evidentemente estos temas son difíciles de resolver en pocos días. El plazo de duración de mi trabajo han sido 13 años, aparte de otros 10 años para documentarme y hacer otro tipo de imágenes. Estamos hablando de prácticamente toda mi carrera profesional. Las cosas no salen de la noche a la mañana. Lleva meses o años poder enseñar dramas como estos de la mejor manera posible para que la gente lo entienda.

¿Tenías en mente esta exposición o es algo que has hecho poco a poco en los diferentes conflictos que te has encontrado a lo largo de tu carrera?
El tema de los desaparecidos está presente a lo largo de toda mi vida profesional, incluso en la universidad. Y cuando me puse a hacer trabajos más complejos, cuando ya me veía preparado para hacerlos, a finales de los noventa, evidentemente yo quería publicarlo. ¿Cuándo? Pues no lo sabía. Al final he podido después de muchos años porque he convencido a instituciones para que se implicasen en la producción de la exposición. Trabajar en un proyecto con la idea de publicarlo es un poco absurdo. Hasta que no lo haces no sabes la resonancia que va a tener, si es que va a tenerla. No es todo tan fácil. Una de las cosas que más me llama la atención de las nuevas generaciones es que están esperando a que alguien les dé el tiempo y el dinero para hacerlo. Y eso no existe. Puedes ganar una beca y tener suerte. Pero lo que hay que hacer es empezar un proyecto e ir avanzando cuando uno pueda, en los tiempos libres, ahorrando, y cuando haya un trabajo, presentarlo a otras personas y convencerles de que es importante. Da igual que tengas 20 años, que 40, que 60, o que seas más o menos conocido. Si lo eres, ayuda. Pero eso es muy relativo porque hoy no se encuentra financiación para casi nada.

“Las cosas no salen de la noche a la mañana. Lleva meses o años poder enseñar dramas como estos para que la gente los entienda”

 

¿Qué has visto en común en todos estos dramas de los desaparecidos? ¿Qué los une?
Son dramas que afectan a personas que son víctimas. Cada país tiene su dinámica. Los desaparecidos se producen durante guerras civiles, dictaduras militares, y también durante gobiernos democráticos, como en los casos de Colombia o Perú. Esa idea de que la gente desaparece porque unos militares descerebrados dan un golpe de estado ocurrió en algunos países como Chile o Argentina no es cierta. Las diferentes circunstancias en las que se hace desaparecer a la gente da una idea de la complejidad de este problema.

Lo que sí está claro es que parece que es efectivo, porque sigue desapareciendo gente, por ejemplo, en guerras tan cercanas como la de Irak.
En Irak hubo muchos desaparecidos en los años ochenta, bajo el gobierno de Sadam Hussein. Se dice que es el país con más desaparecidos del mundo, se habla de unos 100.000. Pero bueno, desde el año 2006 el asesinato en masa se considera crimen de lesa humanidad, que no prescribe, y me imagino que los criminales y los asesinos, los que han hecho desaparecer al opositor, se lo van a pensar dos veces. Esos crímenes pueden perseguirte toda tu vida. No quiero ser optimista, pero ojalá hubiera habido una norma como esta antes, porque hubiera evitado miles y miles de desaparecidos forzosos.

¿Qué persigues cuando haces una foto a alguien que busca a un familiar?
Técnicamente no sé cómo se fotografía. Yo lo que hago es acercarme a la gente, escucharles, contarles lo que estoy haciendo y tratar de convecerles. Si aceptan que les fotografíe, lo hago. Y si no, no lo hago. Todo está en función de cómo trabajes. Yo me puedo permitir hacer las cosas de una forma diferente de cómo las hace alguien que tiene que hacer las cosas de un día para otro, de cualquier manera, y muchas veces hiriendo sin querer a las personas que sufren. Tú llegas a un sitio y quieres hacer fotos de todo por encima, y la gente te pregunta a qué vienes. Si te interesas por lo que están haciendo, esas personas te van a aceptar, te ayudarán a documentar lo que está pasando.

A la hora de editar las imágenes, ¿funcionas por instinto? ¿Cómo es ese trabajo?
Instinto no hay. El trabajo del fotógrafo no tiene nada que ver con el instinto. Por instinto puede salir una fotografía, pero no un documento. Algo que está formado por miles y miles de imágenes no tiene nada que ver con el instinto, tiene que ver con el orden en que quieras mostrar las cosas, qué quieres contar, y cómo contarlo. Si fuera por instinto, te pondrías a hacer fotografías y saldrían. Y no tiene nada que ver con eso. Tienes que estar documentado y preparado, saber lo que quieres hacer, y hacerlo cuando tengas la oportunidad. Has de tener mucha paciencia.

La exposición también pone en evidencia que en España no se ha empezado a rascar ni el principio del fenómeno de los desaparecidos durante la Guerra Civil. ¿Qué explicación le ves?
No le veo ninguna. Ha habido una cobardía de la política española. Ha habido una lección de cobardía al no plantearse este drama como algo importante. Primero los que hicieron la Transición, que lo guardaron, lo escondieron, y nunca más se preocuparon por ello. Y desde entonces se ha hecho exactamente lo mismo. Ha habido cobardía en la política, en la judicatura, e incluso del público, de los ciudadanos, y la prensa, que no ha estado a la altura de las circunstancias cuando había que investigar este tipo de situaciones a tiempo para evitar que los familiares directos muriesen o para poder hacer pruebas con la calidad suficiente.

“Por instinto puede salir una fotografía, pero no un documento. Tienes que estar preparado, saber lo que quieres hacer”

Tú que has estado en tantos conflictos, ¿cómo ves la situación en Siria? ¿Estamos a las puertas de otra guerra?

Bueno la guerra existe ya desde hace dos años. Que participe o no un país externo o la comunidad internacional no significa que no haya habido guerra antes. Para mí es la demostración palpable de la pasividad de la comunidad internacional para atajar este tipo de situaciones. Nunca se llega a tiempo, se llega a toro pasado, o cuando ocurren cosas muy impactantes. Llevamos decenas de miles de muertes en Siria, y ha tenido que ser una utilización de armamento químico lo que ha provocado el interés por el país. Mi pregunta es: ¿no sería lo mismo morir por bombas convencionales que con gas químico si lo utilizas contra la población civil? Los que tenemos cierta edad ya hemos visto estas situaciones en el pasado. Sadam Husein gaseó a los kurdos, y en aquel momento era muy amigo de los americanos y los europeos. De hecho, lo hizo gracias a la tecnología que le vendió Francia, Alemania o Estados Unidos. Pero entonces el malo de la película era Jomeini, y Sadam combatía contra él. Se le permitió matar gente, gasear gente, hacer desaparecer gente… Y no pasó gran cosa. Así es el mundo en que vivimos, un mundo muy cínico.

Por tu experiencia en los medios a lo largo de una carrera tan extensa, ¿cómo ves el periodismo hoy? ¿Moribundo, en proceso de mutación, asustado?
Me haces una pregunta que daría para hablar tres horas. Tenemos que analizar qué ha pasado en los últimos años para llegar a la situación actual, por qué la gente ha dejado de confiar en los periodistas, por qué a nadie le importa que un periódico cierre, y llegaremos a la conclusión de que hemos traicionado los principios básicos del periodismo. Hemos engañado al público, le hemos vendido humo, no hemos investigado a los políticos, a los banqueros, a las grandes empresas. Todos ellos han hecho lo que han querido, y el público ha dejado de confiar en los periodistas. Ahora viene la crisis económica, los despidos, los cierres, y el público dice: ‘¡a mí qué me importa!’. Si hubiéramos actuado como periodistas críticos, vigilando al poder, criticándolo, mostrando en tiempo real la corrupción, no con años de retraso, seguramente el público hubiera asistido mucho más preocupado a la muerte del periodismo.

El periodismo sería algo suyo.
Ése es el problema. Aquí todo el mundo habla de crisis económica y de redacciones acojonadas. Pero cuando en esas redacciones se cobraban 15 o 16 pagas, el grupo mediático al que pertenecía hacía lo que quería, incluso impedía que algunas historias aparecieran porque perjudicaban a sus intereses, todo el mundo se callaba. Llevamos años con una crisis profunda de identidad de la que nadie quiere hablar. Es duro ver a gente que se queda sin trabajo, gente joven que no puede tenerlo, y gente adulta, por encima de los 50 años, que nunca encontrará un trabajo como el que tenía. Es muy duro, afecta a mucha gente que yo conozco, y me afecta a mí, porque yo soy freelance y cuando no hay dinero todo es mucho más complicado. Pero hay que recordar que durante muchos años hemos jugado con fuego. Hemos engañado a nuestros lectores, a nuestros oyentes y a nuestros televidentes, no hemos vigilado al poder y hemos establecido unas relaciones vergonzosas, obscenas, con los poderes políticos y económicos.

En cuanto al fotoperiodismo, ¿cómo lo ves en la actualidad? ¿Se acerca a tu ideal?
En estos momentos hay mejores fotógrafos que nunca, te lo puedo asegurar. De los mejores fotógrafos que están trabajando en Egipto, Afganistán, Irak o Siria, muchos son españoles. Pero no pueden trabajar en este país, tienen que hacerlo en el extranjero, ese es el problema principal. La calidad cuesta. Pero en la parcela que yo he tocado, el periodismo de conflictos, hay gente muy buena. Ya me hubiera gustado a mí hacer las fotos que hacen ahora los fotoperiodistas de 30 años. El problema es que nadie quiere invertir en periodismo lo que se invertía antes. Todo el mundo dice que es por la crisis económica, pero cuando había dinero, se hacían cosas parecidas a las de ahora. La gente que trabaja sobre el terreno está sacrificando una parte de sus derechos económicos para que sus fotografías se publiquen.